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El Centro de Estudios Científicos (CECs) es una corporación de derecho privado, sin fines de lucro, dedicada al desarrollo, fomento y difusión de la investigación científica. El CECs fue fundado en 1984 como el Centro de Estudios Científicos de Santiago, y ha sido dirigido desde entonces por el físico Claudio Bunster.

 



Expedición Antártica: Reporte día 24/12 PDF Imprimir Correo electrónico

Diciembre 24, 2014. Una vez que descendimos por el Hewitte Path el día de ayer, y nos aprestábamos para descansar cerca de medianoche, nos llegó una información de último minuto por teléfono satelital en una llamada desde el campamento base en el Unión. Resultó que el vuelo del avión Ilyushin IL76 programado originalmente para el 23 de Diciembre, no se había realizado porque los clientes que lo habían reservado lo habían pospuesto para el 24 de Diciembre.

 

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Se trataba de una veintena de rusos que deseaban ir a Antártica en un vuelo exclusivo con el fin de visitar el Monte Vinson, el Glaciar Unión junto a otras atracciones cercanas, y desde allí hacer una llamada al presidente Putin. Esto implicaba que si nos apurábamos en regresar al Unión, podríamos salir en ese vuelo de víspera de Navidad y no el 29 de Diciembre como estaba programado. La verdad es que no estábamos urgidos por salir, pero dado que ya habíamos terminado nuestra campaña de mediciones sólo nos quedaba desinstalar los equipos, por lo que el resto de nuestra estadía sería sólo para esperar el siguiente vuelo del IL76. Antes esta oportunidad, Chriss y Tom nos propusieron manejar el convoy toda la noche para llegar con antelación al vuelo. Con esto resuelto decidimos que valía la pena hacer el intento, así que en vez de quedarnos a dormir en este sitio continuamos la marcha y empezamos en paralelo a desinstalar nuestros equipos preparándonos para la evacuación.

 

Después de unas 6 horas de viaje continuo llegamos al campamento base del Unión, donde todos estaban durmiendo, porque debido al cambio de fecha del vuelo del IL76, el personal de ALE había celebrado navidad la noche anterior. Nosotros, abrigando la esperanza de disfrutar la navidad en Valdivia, aceleramos la desinstalación de equipos lo que logramos terminar a mediodía. Almorzamos junto a todos los montañistas, logísticos y encargados de ALE en la carpa principal, donde nos despedimos y agradecimos el gran trabajo realizado. El almuerzo estuvo fenomenal, como siempre, con muchas ensaladas, salmón y otras delicias para estas latitudes. Luego, empezamos a empacar nuestros equipos personales, y a eso de las 15:00 estábamos listos para irnos a la pista de hielo azul, cuando escuchamos la distancia que el avión se aproximaba y aterrizaba sin inconvenientes.

 

Era emocionante ver la mágica coincidencia de eventos que nos permitirían salir de Antártica en una fecha tan especial. Así que dejando todo guardado y ordenado en nuestro módulo CECs1, nos fuimos a la pista para abordar el avión. El viaje en camioneta de 6 ruedas dura unos 10 minutos desde el lugar donde está el módulo hasta la pista de aterrizaje donde está el avión. Ahí debimos esperar que toda la carga incluyendo nuestros equipos estuviera abordo. Una vez terminada esa faena, subimos a la aeronave a eso de las 16:30, donde nos dio la acostumbrada recepción el load master “Sacha”. El junto a los otros viejos tercios que tripulan la aeronave son ex soldados rusos que ahora trabajan para una empresa privada que hace vuelos de carga. Ellos pilotean este tipo de avión de carga gigante de fines de los 60, donde pueden entrar hasta dos tractores con más de 30 toneladas de carga y que servía en la fuerza aérea del pacto de Varsovia en plena guerra fría. Es interesante volar en estos aviones porque por fuera tienen un aspecto constructivista soviético, pero por dentro es bastante tosco, donde sólo hay 4 escotillas y miles de cables que no dejan ver el fuselaje. Hay dos teckles montados en los rieles del techo del fuselaje, cada uno de los cuales es capaz de levantar hasta 2.5 toneladas de peso.

 

Los tripulantes son hombres rudos, no sonríen mucho, pero son uy amables. Ofrecen algunos sándwiches y bebidas, pero no dejan pasar a la cabina. Ellos comen unas salchichas con pan en lo que parece una demostración de la sencillez de sus labores. Nosotros, preferimos dormir después de muchas horas sin descanso. La única innovación de la cabina es una pantalla gigante donde se ve lo que filma una cámara ubicada en la proa del avión (el bomb bay del aparato). En la parte trasera del avión sólo hay carga, principalmente tambores vacíos, basura, y equipos que deben sacarse de Antártica. En cumplimiento del protocolo de Madrid, toda la basura que se genera en Antártica debe salir del continente, por lo que las fecas, plásticos, cartón y basura orgánica general deben sacarse, así que saldremos en el IL76 con todos nuestros subproductos.

 

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El avión no tiene comodidades especiales. Antiguamente no tenía ni siquiera butacas, pero ahora se las han puesto y hay hasta cinturones de seguridad. El baño es una sala muy pequeña donde se instala un cajón químico sólo para líquidos. Las instrucciones de la tripulación son dadas en un inglés bastante rústico, incluyendo una demostración básica. Luego, cuando nos disponíamos a abrocharnos los cinturones, nos informaron que el vuelo se atrasaba por lo menos 1 hora debido a que las condiciones de viento en Punta Arenas no eran adecuadas (mucho viento y ráfagas que hace difícil el aterrizaje). Nuestra salida estaba nuevamente en duda, pero al cabo de aproximadamente unos 50 minutos, se reinició la operación y nos preparamos para despegar. El ruido se torna muy fuerte en la medida que los 4 motores gigantes comienzan su aceleración máxima, luego se sueltan los frenos y con un gran empuje el avión empieza a correr sobre el hielo, hasta que al cabo de unos 600-800 m, comienza a elevarse entre mucho ruido.

 

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Fue emocionante abandonar el continente después de una nueva campaña exitosa. Sabemos que volveremos y que nos seguirán esperando nuestros compañeros de ALE y los secretos del hielo. Echaremos de menos el frío, pero también ansiamos volver a Valdivia a contar la historia. Después de pocas horas de vuelo, aterrizamos en Punta Arenas a eso de las 22:30.

 

Aún no anochecía completamente pero no había nadie en las calles porque todo el mundo preparaba la noche buena con luces en las ventanas, árboles con decoraciones y algunos autos con conductores apurados para llegar antes de medianoche a sus destinos. Nosotros deberíamos pasar la noche en un hotel, pero el día de Navidad estaríamos de vuelta en Valdivia. Una nueva campaña Antártica, con cerca de 1090 km de travesía, con mediciones diversas y complejas, había terminado exitosamente.